domingo, 25 de agosto de 2013

Cuento Infantil venezolano. Verónica no coma mucho. Verónica Arráiz.


VERÓNICA NO COMA MUCHO.

Apenas contaba con seis años, cuando mi mamá me llevó a la fiesta de cumpleaños de mi amiguita Paola. 

Ese día era radiante, hacía un sol maravilloso. Todo estaba decorado con globos de muchos colores. Una gran piñata colgaba del techo, sobre una mesa habían caramelos, chupetas, helados, refrescos, cotufas, tequeños, pastelitos y muchas cosas más. En otra mesa había una torta muy grande bien decorada con seis velitas, pues mi amiga Paola cumplía 6 años.

Muchos niños y niñas estaban allí, jugando y comiendo de todo, me acerqué a ellos y empecé a jugar y a comer de todo. Yo, muy golosa comía, comía y comía muchas chucherías. Mi mamá me decía, Verónica, no coma mucho que te puede doler el estómago. Pero yo seguía comiendo sin parar. Cuando partieron la torta me comí un pedazo bien grande y algo extraño, pero sabroso, que estaba sobre la mesa.

De pronto  siento que me duele la “barriga”, y le dije a mi mamá. Ella respondió, yo te lo dije que no abusaras de la comida. 

Nos fuimos para la casa. Me bañé, me puse la pijama y me acosté, pero al rato corro para el baño a vomitar, de pronto  tenía mucha fiebre y el vómito no se me quitaba. Mamá, toda asustada, llamó a mi papá y me llevaron a la clínica, allí me hospitalizaron, y empezaron hacerme unos exámenes. Tenía mucha fiebre, vómito y un dolor de cabeza insoportable.

Pasaron tres largos días y yo seguía hospitalizada. Mi mamá estaba angustiada. Recuerdo que a los cinco días de estar en la clínica, el médico le dice a mi mamá. Señora a su hija hay que hacerle una punción en la columna para tomar una muestra de líquido y enviarlo a un laboratorio.  Por la mañana paso a tomársela. ¿Quéééééé? dice mi mamá, y empieza a llorar a llorar y a llorar, yo también lloraba mucho de ver a mamá llorar y del dolor que no se me quitaba.

Mi mamá se pone muy triste, y se dirige a la ventana de la habitación de la clínica, y desde allí observa el cielo, el cual estaba repleto de estrellas que brillaban como luces de bengala y dice en un tono de voz entrecortado y lloroso ¡oh Dios mío! ¡Virgencita, intercede! te lo pido con todo mi corazón, no permitas que le hagan eso a mi hijita, por favor mejórala, devuélvele la salud. No permitas que le puyen la columna.

Luego se dirigió a mi cama, y empieza a acariciarme mi cabellera, y me pregunta ¿hijita tú conoces a la Madre María de San José? Y le respondí, si mamá, es la monjita que tú tienes en una imagen en el cuarto donde está el altar de los santos. ¡Ah muy bien, ella es muy milagrosa! Es una santa venezolana que ayuda a los niños a mejorar cuando están enfermitos. Yo le tengo mucha fe, la vecina Adela me dijo que le había sanado a su hijita. Yo también le tengo mucha fe y sé que te va a curar.

Mi mamá me da una estampita de la monja Madre de San José. Y me dice, ella te va a curar. Piensa en ella y pídele, con todo tu corazón, que te quite lo que tienes para irnos a la casa.

Esa noche en mi inocencia de niña soñé que la monja me decía ¡Vero estás curada!, no vuelvas a comer tantas chucherías. 

En la mañana, le dije mamá; mamá, la monjita vino anoche y me curó. Mi mamá, creyó de verdad de lo que le decía de la Virgen y empezó a llorar de emoción. Estaba muy contenta.

Cuando llegó el doctor mi mamá le dijo, sabe doctor, la niña,  pasó la noche muy bien y durmió como un angelito toda la noche. Él dijo, un poco sorprendido, que extraño, voy a examinarla.

Saben la cara que puso el doctor.  Estaba feliz. Y asombrado le dijo a mamá,  señora su hija está muy bien. Yo estaba sospechando de una meningitis, pero ya no es necesario hacerle la punción en la columna. No sé qué pasó, pero ya no tiene nada. El médico dijo voy a darla de alta y  me la lleva a la consulta en 8 días.

Le dimos gracias a Dios y a la Madre de San José y le prometí a mi mamá no abusar de las comidas ni comer cosas extrañas.

Véronica Patricia Arraiz Castro.
Estudiante de educación preescolar.
UNIOJEDA.


Este cuento fue presentado en clase por la alumna Arráiz Castro y afirma ser de su autoría.